miércoles, 24 de diciembre de 2025

Reflexión de Navidad 2025

 Caracas, 23 de diciembre de 2025

     Estamos a pocas horas de celebrar el nacimiento de un personaje fundamental; un evento de tal magnitud que, incluso tras más de dos mil años, se conmemora de forma excepcional: el nacimiento de Jesús. En muchas partes del mundo, las personas se preparan con esmero: elaboran platillos tradicionales, se reúnen en familia, intercambian regalos, visten sus mejores galas y comparten momentos inolvidables.

     Sin embargo, también es una oportunidad para la reflexión. Entre el ajetreo de los preparativos, las compras y la logística, es fácil perder de vista el motivo principal de la celebración. Aunque festejemos y compartamos, corremos el riesgo de caer en la inercia de la cotidianidad, tratando este día como uno más.

     El propósito de estas líneas es meditar sobre el protagonista de la noche y el legado de su venida. Jesús fue un revolucionario que nos habló de amar, perdonar y ser misericordiosos. Nos enseñó una forma de amor superior a la convencional: el amor al enemigo, a quien nos ha dañado, a quien no nos comprende o no empatiza con nosotros. Ese amor que, por nuestra simple condición humana o por las asperezas del camino compartido, a veces nos parece imposible de alcanzar.

     Ahí reside el verdadero sentido de esta fecha. Solemos escuchar la frase: “Que Jesús nazca en tu corazón”, pero cabe preguntarnos: ¿Realmente queremos que así sea? ¿Estamos dispuestos a amar de verdad? Amar, por ejemplo, sin juzgar; aceptando al otro tal como es, sin pretender cambiarlo. ¿Estamos dispuestos a agradecer por las personas que Dios puso en nuestra vida y decirles: Agradezco a Dios, a la vida y al universo por tu compañía? Aspiro a que un nuevo tipo de bondad se apodere de mi ser y que en mi interior vibre una energía magnífica de gratitud y crecimiento.

     Mañana celebraremos con nuestros familiares; extrañaremos a quienes están lejos y recordaremos a los que se adelantaron hacia otro plano. Intentemos que, en algún momento de la cena, estas palabras resuenen en nosotros. Deseemos que el Niño Jesús realmente nazca en nuestros corazones para que el próximo año seamos personas más justas, amorosas y bondadosas.

     Que nuestra celebración sea más profunda que una cena o un intercambio de regalos. Que tenga un sentido trascendental, de tal manera que, al terminar la noche, nos amemos mucho más los unos a los otros.

¡Feliz Navidad 2025!

MGCM